Friday, September 23, 2016

Knox y su Catecismo que revolucionó Escocia



INTRODUCCION

Después de estar mas de dos años en Ginebra bajo el cuidado y enseñanza de Juan Calvino, Knox retorna a Escocia en 1559 con una visión que transformaria Escocia, Europa y el Cristianismo en totalidad. Mientras tanto los Protestantes se unieron en un pacto solemne, comprometiéndose con sus vidas y fortunas por la causa de Cristo.

La reina regente, María de Guisa, era una papista endurecida, y se opuso a todos los intentos de reformar a Escocia. La reina regente murió en 1560, y el Parlamento Escocés se reunió en Edimburgo en agosto, para hacer frente a muchos problemas que enfrenta la nación inquieta.

La petición de los protestantes exclamó: ""Ofrecemos el demostrar, que en toda la [chusma del clero] no existe ningún ministro legítimo; si la palabra de Dios, la práctica de los apóstoles, y sus propias leyes antiguas juzguen esta elección legítima. Ofrecemos además el probar que todos son ladrones y asesinos: Sí, rebeldes y traidores a la autoridad legítima de los imperios, reyes y príncipes, y por lo tanto indignos de permanecer en cualquier Comunidad Reformada”
En respuesta, el Parlamento ordenó a los nobles protestantes y ministros el elaborar "Los puntos principales de la suma de la doctrina que se mantendrían, y desearían que el presente Parlamento establezca como sano, cierto, y lo que solamente es necesario que se crea y reciba en ese ámbito ". 

Durante los próximos cuatro días, la Confesión de Escocia fue redactado por seis ministros: John Winram, John Spottiswoode, John Willock, John Douglas, John fila, y John Knox.

El 17 de agosto de 1560, el documento fue leído dos veces, artículo por artículo, antes de que el Parlamento; y los ministros protestantes estaban listos para defender la causa de la verdad, en el caso de que se atacare cualquier artículo de fe.

PREFACIO

“Los Estados de Escocia, con los habitantes de la misma, que profesan a Cristo Jesús, su santo Evangelio, a sus compatriotas naturales y a todos los otros reinos [y naciones] que profesan al mismo Señor Jesús con ellos, les deseo gracia, misericordia y paz de Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo, con el Espíritu del justo juicio, para la salvación.

Por mucho tiempo hemos tenido sed, queridos hermanos, de notificar al mundo la suma de la doctrina que profesamos, y por la que han sufrido la infamia y el peligro.

Tanto ha sido la rabia de Satanás contra nosotros y contra Cristo Jesús y su verdad eterna en estos últimlos dias, que ahora de nuevo ha nacido entre nosotros, que hasta la fecha no se ha concedido ningún otro tiempo a nosotros para limpiar nuestra conciencia, que de buena gana nos habría hecho. Pues cómo hemos sido arrojados hasta ahora, como la mayor parte de Europa, como suponemos, entiende.

Pero al ver la infinita bondad de nuestro Dios que esta por encima de las expectativas, hemos obtenido algo de descanso y libertad, no pudimos sino defender esta breve y clara confesión de tal doctrina como se nos ha propuesto a nosotros, y como nosotros creemos y profesamos, en parte para la satisfacción de nuestros hermanos, cuyos corazones que no cabe duda han sido y todavía están heridos por el despecho de tales cosas pues aún no han aprendido a hablar bien: y en parte para detener las bocas de imprudente blasfemos, que audazmente condenan lo que no han oído ni entendido aún.

No es que juzgamos que la malicia enmohecidos que tal cosa es capaz de curarse por nuestra sencilla confesión. Claro que no, sabemos que el dulce sabor del evangelio es y será la muerte a los hijos de perdición (2 Cor 2: 15-16).

Pero tenemos un respeto principal a nuestros hermanos débiles y enfermos, a quienes queremos comunicar desde el fondo de nuestros corazones, para que no se angustien o sean arrastrados por la diversidad de los rumores, que Satanás extiende contra nosotros al tratar de derrotar [o, desfigurar ] esta nuestra empresa más piadosa.

Si alguien protesta queriendo destacar en esta nuestra confesión algún artículo o frase repugnante a la Santa Palabra de Dios, que se complazca, con dulzura y por caridad cristiana, amonestarnos de la misma por escrito.

Y nosotros a nuestro honor y fidelidad, por la gracia de Dios prometemos a él la satisfacción de la boca de Dios, es decir, de su Sagradas Escrituras, o de lo contrario reformarlo en aquellos que demostremos que estar mal.

Por Dios, tenemos que registrar en nuestra conciencia, que de nuestros corazones aborrecemos todas las sectas heréticas y a todos los maestros de doctrina errónea, y que con toda humildad aceptamos la pureza del Evangelio de Cristo, que es el único alimento de nuestras almas;y por lo tanto, es tan precioso para nosotros, que estamos decididos a sufrir lo extremo del peligro mundano, en vez de sufrir nosotros mismos el ser defraudados del mismo. 

Pues en este documento estamos ciertamente convencidos de que todo aquel que niega a Cristo Jesús, o se avergüenza de él en presencia de los hombres, será negado delante del Padre, y delante de sus ángeles (Mateo 10: 33 ‡; Lucas 12: 9 ‡) . Y por lo tanto con la ayuda del poderoso espíritu del mismo, de nuestro Señor Jesucristo, tenemos el firme propósito en permanecer hasta el fin en la confesión de esta fe, así como en los artículos siguientes.”

Escrito por John Knox (1560)

Trad. Caesar Arevalo

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