Saturday, August 20, 2016

CARTA DE JUAN CALVINO A CASPAR OLEVIANO



INTRODUCCION

Calvino escribio muchas cartas durante su vida, aparte de sus comentarios. Cada carta revela el trabajo y desarrollo de la Reforma desde sus principios, y nos ayuda a conocer lo que es la reforma desde sus inicios en teología, liturgia y gobierno de Iglesia. Estaré publicando las cartas de Calvino, previa traducción. Esto como una forma de educarnos y conocer mas la doctrina reformada. En 2017 se celebrará 500 años de la reforma Protestante que inició con Lutero.
Esta carta Calvino le escribe al gran reformador Alemán Caspar Oleviano 1536-1587 (Olevianus), quien junto con Ursinos escribieron el catecismo de Heidelberg.
Esta carta tiene un gran valor eclesiástico, pero también destaca la gran relación que gozaba Calvino con los grandes representantes de la Reforma: Beza, Farel, Bullinger y Oleviano. Sin duda nuestra herencia reformada es rica en teología. Oleviano fue uno de los senadores de Ginebra.  
La carta es rica en cuanto a gobierno de Iglesia, ordenamiento de ministros, catecismo y trabajo pastoral.

Carta de Calvino a Oleviano

Los ministros son elegidos de nuestra universidad.

1 Un pasaje de la Escritura se les da a ellos para ser interpretado a través de los cuales ellos exhiben una muestra de sus capacidades; a continuación, se lleva a cabo un examen sobre los principales temas de la doctrina; después de esto ellos predican ante nosotros, como si estuvieran en la presencia de las personas.
Dos senadores también están presentes. Si se aprueban sus calificaciones, los presentamos al Senado con el testimonio.
Es en el poder de este cuerpo no admitirlos, si estos juzgan a ser incondicional. Si ellos son recibidos, (como lo han sido siempre hasta ahora,) sus nombres se publican coram populo, en presencia de las personas; y cualquiera que conozca algo en contra de ellos está en libertad de oponerse a ellos dentro de ocho días.
Los que son aprobados por los sufragios tácitos de todos, los recomendamos a Dios y a la iglesia.

2. Bautizamos a los niños solamente en reuniones públicas; porque es absurdo que esta solemne recepción de ellos, por la iglesia, tenga sólo unos pocos testigos. Los padres, a menos que algo impida, se dirigen a estar presentes, para que puedan responder en el pacto junto con fiadores. Nadie, sin embargo, se admite como garantía, a menos que sea de la misma profesión religiosa con nosotros. Personas excomulgadas también son prohibidas de estar presentes en este honor.

3. Nadie es admitido en la santa cena de Cristo, antes de hacer una profesión pública de su fe. Con este fin, cada año tenemos cuatro exámenes, a la que se interroga a los jóvenes, para conocer el nivel de competencia de cada uno. Porque, si bien en el catecismo en cada día de cada Señor, comienzan al principio dar algún testimonio, sin embargo, no es lícito que vengan a la sagrada mesa, hasta que se sepa, por la opinión del ministro, que hayan hecho un conocimiento aceptable de las principales doctrinas de la religión. En lo que respeta a los que son mayores, repetimos anualmente la inspección de cada familia. Nos distribuimos entre nosotros mismos las diferentes partes de la ciudad, para que podamos examinar cada barrio. El ministro está acompañado por uno de los ancianos de la iglesia. En este momento se examinan a los nuevos habitantes. Los que han sido una vez recibidos, en la cena, se omiten; excepto que examinamos si sus familias están en paz y en buen orden; si tienen conflictos con sus vecinos; ya sea que se dan a la intemperancia; y si son indiferentes y negligentes en atender el culto público.

Ginebra, 5 de Noviembre 1560

Caesar Arevalo


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