Monday, December 07, 2015

GEORGE GILLESPIE Y "CHRISTMAS" [Navidad]




Para los que creen que la Reforma es solamente las “cinco solas” o el TULIP, es extraño el escuchar nombres como George Gillespie, la razón es simple, no conocen lo que es la reforma y los hombres que hicieron la reforma, aparte de Lutero y Calvino. La Reforma es un movimiento teológico que influyó la sociedad, política y economía que incluye, no solo Calvino, pero a más de un centenar de teólogos y eruditos que hicieron posible la sistematización de la teología reformada, lo que otros erróneamente llaman “Calvinismo.”

¿Quién fue George Gillespie?  George Gillespie (1614-1648) fue uno de los extraordinarios y brillantes ministros Escoceses Presbiterianos que participo en la Asamblea de Westminster. 

Aunque su muerte prematura fue un golpe durísimo para los Escoceses y los teólogos de Westminster, su memoria y libros hablan mucho de su gran capacidad intelectual y pureza de las doctrinas originales de la Reforma. Fue considerado el teólogo más completo para su joven edad. De entre sus masivas obras, su obra que resembla la fuerza de la teología Reformada se titula “Una Disputa en Contra de la Ceremonias Papistas.” En esta obra, Gillespie demuestra lo que es la verdadera teología reformada en cuanto al principio regulador de adoración. Todo el que se auto denomina “reformado” deberá leer esta obra. El poder de sus argumentos fueron tales, que sus obras fueron quemadas por los prelados católicos y Episcopales justo después que apareció en 1637. Gillespie ataca todas las ceremonias de manufactura humana de origen Católico Romano, entre los cuales esta “Christmas” o la navidad.

En este articulo presentare los argumentos que Gillespie usa para demostrar que la celebración de la Navidad no tiene autoridad ni fundamento Escritural.

El trabajo de Gillespie contiene un fuerte e inmisericorde asalto a las ceremonias en general. En primer lugar, él argumenta en contra de su necesidad; segundo, él disipa las nociones que son convenientes; tercero, demuestra su ilegalidad; y cuarto, demuestra que no son indiferentes. En cada sección, él elabora aplicaciones de los principios generales de las ceremonias específicas que considera objetable. En concreto, él discute si es apropiado el arrodillarse en el acto de recepción de la Cena del Señor, el uso de la señal de la cruz en el bautismo, la confirmación, el suplicio, y los días festivos.

Las fiestas religiosas reciben una severa paliza en una serie de aspectos que él desarrolla. Algunos de sus argumentos son los siguientes.

Gillespie cita a Knox para demostrar el principio regulativo de la adoración. [1]. Según este principio, las fiestas religiosas del calendario deben ser excluidos, ya que carecen de cualquier orden positivo en y desde  las escrituras. Gillespie fundamenta su caso en el segundo mandamiento. "El segundo mandamiento es moral y perpetuo, y nos prohíbe a nosotros, así como a ellos el añadir e inventar, según la imaginación de los hombres, practicas a la adoración de Dios.”  Por lo tanto, "las importantes ceremonias sagradas ideados por el hombre han de ser contados entre esas imágenes prohibidas en el segundo mandamiento." [2]

Basado en Gálatas 4:10 y Colosenses 2:16, Gillespie señala el fallecimiento de las fiestas ceremoniales bíblicas: "esos días habiendo tenido el honor de ser, una vez nombrado por el mismo Dios, iban a ser enterrados dignamente ...." "Si Pablo condenó la observación de las fiestas que Dios mismo instituyó, entonces, mucho más él condena la observación de las fiestas de imaginación de hombres. "[3]

Gillespie señala los orígenes supersticiosos y corruptos de las ceremonias. Él proporciona numerosas referencias de las Escrituras para mostrar el deber del pueblo de Dios para eliminar todos los restos de idolatría en medio de ellos (Ex 34:13; Números 33:52; Deuteronomio 7:.. 5, 25-26; 12: 2-3.; Is. 30:22). Los opositores de Gillespie afirman que es suficiente el eliminar los "abusos" de las ceremonias, pero no los propios ritos; pero Gillespie responde que, a menos que estas ceremonias se puedan demostrar ser de uso necesario puestos y autorizados por Dios, deben ser purgados completamente fuera de la existencia. [4]

Además, las ceremonias no son simplemente los monumentos de la idolatría pasada. Ellos siguen siendo utilizados por los papistas en su actual adoración corrupta e idólatra. Por lo tanto, estos ritos son las mismas insignias de la idolatría moderna y presente.
Así que, como arrodillarse ante el pan consagrado, hacer el signo de la cruz, suplicio, días de fiesta, obispado, haciendo una reverencia al altar, la administración de los sacramentos en lugares privados, etc. son las mercancías de Roma, el bagaje de Babilonia, la chucherías de la prostituta, las insignias del papismo, las insignias de los enemigos de Cristo, y los mismos trofeos del Anticristo: no podemos cumplir, comunicar, y simbolizar con los papistas idólatras, en el uso de la misma, sin que nosotros mismos nos hagámonos idólatras por participación. [5]

A lo largo de su discusión, Gillespie toca sobre una implicación crítica de toda la discusión: los límites del poder de la iglesia. Hablando de tiempos, lugares y cosas, Gillespie señala: "La Iglesia no tiene poder como basados en su dedicación a hacer [esos días] santos." [6] Los partidarios de fiestas eclesiásticas frecuentemente hacen valer el derecho de la Iglesia para instituir temporadas y observancias santas. Tal argumento suena a papismo, porque otorga a la Iglesia un poder legislativo para promulgar nuevas celebraciones, aparte de los que figuran en las escrituras.

Además, Gillespie señala otra tendencia alarmante. Las ceremonias eclesiásticas se vuelven como sacramentos en su significado y uso. Las ceremonias se hacen místicamente simbólicas, y los maestros eficaces de las cosas espirituales. Las características simbólicas y didácticas de las fiestas religiosas les hacen (falsos) sacramentos por el hombre.

Además, cuando la gente insta estas celebraciones con una finalidad didáctica, socavan la suficiencia de las Escrituras.
Si tenemos en cuenta la forma en que la Palabra de Dios se nos fue dada "para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra:" no puede sino ser evidente cuan superfluo, cuan supersticiosamente se da el oficio de sagrada enseñanza y significado místico a las ceremonias tontas y sin vida, ordenados por los hombres, y en consecuencia cuan justamente se les declara como adoración vana. [7]

Gillespie también observa cómo las fiestas eclesiásticas socavan la verdadera distinción de día del Señor. "Sobre los días santo ellos ordenan el cese del trabajo y una dedicación del día para el culto divino, como sucede en el día del Señor." De hecho, "mandan el observarlos, ya sea si mantienen los días del festival o no con más cuidado, e instan a la observancia de ellos con más fervor que el propio día del Señor." "... Y mientras puedan digerir la profanación común del día del Señor, y no oponerse a ella, no pueden alejarse de la observancia de sus festividades." [8]

A modo de crítica práctica adicional, Gillespie da una palabra especial en la juerga asociada con la Navidad: "la observación de algunos días del festival se configura en lugar de la agradecida conmemoración de los beneficios inestimables de Dios: pues la festividad de la Navidad hasta la fecha ha atendido más a la lascivia bacanal que a la conmemoración del nacimiento de Cristo ". [9]

Vemos cuanto ha cambiado el protestantismo y las iglesias Reformadas en los últimos 400 años desde que Gillespie escribió su obra contra las fiestas de manufactura humana. Esto es la verdadera posición Reformada en cuanto a la Navidad. Piense y medite y preguntese, ¿Sigue las iglesias reformadas modernas a los reformadores originales?


Caesar Arevalo

Notas




No comments: