Friday, April 17, 2015

LUTERO Y EL OBSTACULO A LA VERDADERA REFORMA EN LA IGLESIA Y SOCIEDAD




En 1520 Martin Lutero escribió una carta al pueblo Alemán dirigido a la majestad real y a la nobleza Cristiana. La carta es propia de su tiempo, de la situación crítica, social, política y económicamente, del siglo 16. Toda Europa se encontraba en guerra y la situación moral y espiritual de los alemanes estaba totalmente degradante. Una religión vacía, estéril y corrupta en todo aspecto, creó una generación de cínicos y rebeldes, y al mismo tiempo de hambrientos de la vedad, justicia y libertad, ante la situación insoportable y agobiante. La carta, aunque corta, nos revela al Lutero que muchos no conocen, humilde pero determinante, y consciente de los problemas políticos y sociales que aquejan no solo a Alemania pero también a Europa. Esto nos dice mucho acerca de quien fue Lutero, un hombre que “tenía los pies parados en la tierra,” es decir conocía la realidad de la situación, pero no solo eso, sino que estaba dispuesto a dirigirse a los mismos príncipes y magistrados, sin temor, pero con la convicción que solo en sus manos está el cambiar la sociedad para bien del pueblo y la iglesia. Lutero se vio a sí mismo como un profeta, no en el sentido místico de los extravagantes charlatanes que inventaban revelaciones apocalípticas para un pueblo ignorante y en busca de la verdadera esperanza, sino como alguien que tenía la misión de Dios de despertar a su pueblo y al Estado, a través del rey a buscar y depender en Dios, mientras al mismo tiempo, rechazar aquellos elementos que son la causa de todo la ignorancia, y corrupción social así como de la desestabilización política de Europa.

Para Lutero, el Papado y su maquinaria política religiosa, no solo fue  el obstáculo para la Reforma en la Iglesia, pero también la causa de guerras, atrocidades y rebeliones sociales. Sin embargo, Lutero parece que habla de otros grupos o personajes que al lado del papado son los agentes de toda guerra y derramamientos de sangre y conmoción social en Europa, y que son manipulados por "malos espíritus" , una referencia a los demonios. Me pregunto ¿Estaría refiriéndose a sociedades secretas demoniacas que trabajan detrás de los gobiernos para mantener caos social y confusión? A mi entender, no sería raro, que Lutero tuviera en mente semejantes grupos.

Lutero, no era un anárquico, como la misma carta lo evidencia, sus palabras para el rey Carlos V son reveladoras pues entiende que fue puesto por Dios para dar esperanza a su pueblo. El tema principal de la carta es que la clave para la paz social es la confianza total en el Señor y no en nuestras fuerzas o razonamiento, este último, Lutero se adelanto a su época con referencia a la época de la Ilustración. Leamos su carta y pensemos en nuestra situación actual:

Para Su Ilustrísimo y Mighty Majestad Imperial,
ya la nobleza cristiana de la nación alemana,

El doctor Martin Luther.

La gracia y el poder de Dios, Muy Ilustre Majestad y Señores más corteses y queridos.

No es por pura atrevimiento o temeridad que yo, un solo hombre pobre, he llevado a cabo para hacer frente a sus cultos. La angustia y la opresión que pesan sobre todos los Estados de la cristiandad, especialmente de Alemania, y que no solo me mueve a mí, sino que todos claman una y otra vez, para orar por ayuda, me han obligado incluso ahora a llorar en voz alta para que Dios puede inspirar a alguien con su Espíritu a prestar una mano a esta nación en sufrimiento. Muchas veces los Concilios hicieron su presencia en la reforma, pero sus intentos han sido hábilmente obstaculizados por la astucia de ciertos hombres y las cosas han ido de mal en peor. Me propongo ahora, con la ayuda de Dios, de arrojar algo de luz sobre las artimañas y la maldad de estos hombres, a fin de que cuando se hagan conocidos, no pueden en adelante ser tan hirientes y tan grande en sus obstáculos. Dios nos ha dado a un joven noble que ser nuestra cabeza y, con ello, ha despertado grandes esperanzas de bueno en muchos corazones;  por lo cual conviene que debamos hacer nuestra parte y tomar ventaja y utilizar este tiempo de gracia.

En todo este asunto la primera y más importante que tenemos es prestar seria atención en no entrar en este asunto confiando en el gran poder o la razón humana, aunque todo el poder en el mundo fuera de nosotros; porque Dios no puede soportar un buen trabajo que se va a iniciar con la confianza en nuestro propio poder o razón. Tales obras El aplasta sin piedad hasta los suelos ya que (Sal. 33:16) está escrito en el Salmo XXIII, "El rey no es salvo con la multitud del ejército: No escapa el valiente por la mucha fuerza."

A causa de esto, me temo, aconteció desde tiempos antiguos que los buenos Emperadores Federico I y II, y muchos otros emperadores alemanes fueron vergonzosamente oprimidos y pisoteados por los papas, aunque todo el mundo les temía en ese entonces. Puede ser que se basaron en la propia fuerza humana más que en Dios, y por lo tanto tenían que caer de un momento a otro. En nuestros tiempos, también, ¿qué fue lo que levantó el sanguinario Julio II a tales alturas? Nada más, me temo, a excepción de que Francia, los alemanes y Venecia confiaron (Jueces 20:21) en sí mismos. Los hijos de Benjamín mataron 42,000 israelitas ya que este último se basó en su propia fuerza.

Que esto no pueda ir con nosotros y nuestro noble joven emperador Carlos V; debemos estar seguros de que en este asunto no están tratando con los hombres, pero con los príncipes del infierno, que pueden llenar el mundo con guerra y el derramamiento de sangre, para quienes la guerra y derramamiento de sangre no son suficientes. Tenemos que dejar, en este desesperado trabajo, la fuerza física y humildemente confiar en Dios; debemos buscar la ayuda de Dios con la oración ferviente, y fijar nuestra mente no en otra cosa, sino en la miseria y la angustia de la sufrida cristiandad, sin tener en cuenta la mortandad de hombres malvados. De lo contrario, podemos iniciar el juego con gran posibilidad de éxito, pero cuando lleguemos bien a ella los malos espíritus, entonces, se moverán hasta crear tal confusión que todo el mundo va a nadar en la sangre, y sin embargo, nadie saldrá de ello. Actuemos con prudencia, por lo tanto, y en el temor de Dios. Cuanta más fuerza utilizamos, mayor será nuestra desastre si no actuamos con humildad y con el temor de Dios. Los papas y los romanos han sido hasta ahora capaces, con la ayuda del diablo, establecer los reyes en desacuerdo con otros, y ellos bien pueden ser capaces de hacerlo de nuevo, si procedemos por nuestro propio poder y astucia, sin la ayuda de Dios.



Una carta abierta al pueblo Aleman por Martin Lutero (1483-1546)

Por Caesar Arevalo

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